lunes, 17 de octubre de 2011

Marinero quiero ser.

 
Papá yo quiero que tú me lleves a navegar por esos mares del mundo…

Y un buen día, sin saber muy bien cómo, se encontraba a bordo de un barco pesquero, la pesca no se le daba muy bien, pero ahí estaba por aquellos extraños azares que tiene la vida, cumpliendo un sueño de la infancia, y más.
 Bajo la proa se abría un abismo cristalino donde se perdía la luz y del que brotaban peces voladores como si de un gran surtidor se tratara, salían disparados y planeaban sobre las olas, bajo el agua les aguardaba algún depredador, era un espectáculo entre bello y terrible a la vez, la vida transcurriendo con toda su crudeza, despojada de adornos y ajena al drama humano. En la popa una estela espumosa era el único testigo, apenas segundos, del camino recorrido.
La brisa, el sonido monótono del motor, el calor abrazador, olor a monóxido de carbono inundando el camarote, y nauseas, muchas nauseas. En un rincón una caja de libros, sobre ellos flota la promesa de ser devorados en un par de meses.  
 Leer, pescar,  meditar, soñar, temer, huir, olvidar, adiós, amar, llorar, mentir, esto y más. En silencio, callado, mordiéndose la lengua, contando los días, espiando a hombres y olas por igual, intentando encontrar un sendero hacia la libertad.
 

domingo, 16 de octubre de 2011

Adios a Laura.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      

martes, 20 de septiembre de 2011

jueves, 8 de septiembre de 2011

Como dioses.

A veces tengo algo así como premoniciones. Hace tan solo unas semanas estuve preparándome para un largo viaje, en que debía tomar varios aviones, no era la primera vez, y aunque no suelo sentir temor a volar, esta vez estuve durante varios días sintiendo miedo y hablando del asunto en diversas ocasiones, imagino que con la intención de aliviar la angustia que esto me producía.
    Finalmente emprendí mi viaje que duro cerca de 10 días y, justo en el vuelo de vuelta a casa, pasados apenas cinco minutos del despegue, el piloto anunció que debíamos regresar, que teníamos un problema pero que no era nada grave, tan solo tomaría unos quince minutos.
    Los quince minutos se convirtieron en más de una hora, el avión estuvo volando en círculos, sobre una zona pantanosa, plagada de cocodrilos y serpientes.  Durante ese tiempo se sucedían comunicados anunciando que era un problema de presurización, que aterrizaríamos en un aeropuerto cercano, pero lo más preocupante, además de la espera, fue que el piloto comunicó que empezaríamos a perder combustible para aliviar el sobrepeso del avión.
   Quizás para un experto todo esto correspondía a una rutina perfectamente comprensible, pero para mí, y creo que para casi todos los pasajeros, aquello parecía la rutina de un aterrizaje de emergencia. Este es el fin! Pensé… y empecé a recordar a toda mi parentela, despedirme y rezar para ver si Dios me echaba una mano. En medio de todo aquello me decía a mi mismo que debía haber hecho caso a mis instintos, que no era la primera vez que presentía cosas y después se daban, pero no había remedio, no tenía como escapar de aquella situación. Fue entonces que se me ocurrió la idea de que quizás no se tratara de una premonición, sino que, de tanto temer volar, yo mismo había logrado modificar la realidad para que este temor se cumpliera, porque de alguna manera yo así lo deseaba. No importaba que el resto de los pasajeros nada tuvieran que ver conmigo, llego a parecerme comprensible y natural, la idea de que yo fuera como Dios, que de manera mágica fuera modificando la realidad, al final la premonición solo sería un momento pasajero, en el que tuve conciencia de este poder, una especie de revelación de mi mismo.
   Me dispuse a morir, pero la verdad es que no quería hacerlo, y pensé que si al final tenía este poder para modificar la realidad pues seguramente no moriría ya que no quería, o tal vez sí, me entraron dudas, lo confieso. Tenía la sensación de que este poder reside en lo más hondo de mi ser, que no siempre esta a la vista, sino que yace oculto en un lugar parecido a eso que llaman inconsciente, y si es así, como iba yo a saber lo que realmente quería, a lo mejor me estaba mintiendo también esta vez.    
   Recordé entonces que este tema me obsesiona, constantemente me encuentro   personas, con las que he compartido espacio y experiencias, que tienen una visión tan diferente a la mía de esa realidad, que cuando las escucho me parece como si viviéramos en lugares diferentes. Hablan de lo que parecen ser sus deseos como si estos fueran la realidad misma, no importa que, hechos concretos y demostrables, le digan que están equivocados, siguen repitiendo una y otra vez su discurso,  basado en creencias que responden a sus más íntimos deseos, y no ven que estas no tienen una correspondencia en el mundo objetivo. Si ellos tuvieran el poder que suponen y que yo creo tener, y si al final sus deseos se hicieran realidad, entonces estarían perpetuando en su existencia ese mundo construido sobre la falsedad de sus creencias, no importa que la realidad sea totalmente diferente, ellos la experimentarían y elaborarían de manera tal que el resultado encaje con sus más profundos deseos, que a fin de cuentas es donde reside el poder para cambiarla, pero que de esta manera ese poder quedaría totalmente anulado pues no considera de manera veraz el entorno. 
 Quizás ellos y yo representamos dos aristas de un mismo problema, yo pienso que tengo el poder de ajustar el mundo a mis deseos cuando es probable que lo que sucede es que muchas veces no soy consciente de estos pero mi conducta, como si respondiera a una fuerza mayor, me lleva a colocarme en situaciones donde podrían materializarse. Mientras tanto este otro grupo de personas no sólo no son conscientes de sus deseos sino que además deforman la realidad para ajustarla a sus creencias. Al final todos estamos enfermos de falta de objetividad, andamos a ciegas, incapaces de transformar el mundo y lo que es más importante: nuestra propia vida.
 
  Una especie de chillido me sacó de mis divagaciones, el avión acababa de aterrizar, al abandonar la nave un soplo de aire fresco me trajo de vuelta a la vida. Empezaba a caer la tarde, y las veinticuatro horas de espera que me aguardaban, para poder tomar el próximo vuelo a casa, fueron una cura de objetividad más que suficiente para, al menos por esas horas, apartar de mí  temores y falsas ilusiones.

domingo, 19 de junio de 2011

Father and son.

domingo, 5 de junio de 2011

LLegó la Revolución.

                                                                             
Hoy estuve por Plaza Cataluña para ver de cerca el rostro de eso que se ha dado en llamar Spanish Revolution, Revolución de los Indignados, etc. Hubo algo que enseguida me llamó la atención: el estado de deterioro y destrucción de la plaza. No pude dejar de pensar en experiencias pasadas, en otra revolución, allá por el Caribe, una que derribó monumentos, desmontó arboledas, desecó ciénagas, y a la postre terminó destrozando vidas. Aquí, en plaza Cataluña, todo marcha aún en un estado embrionario, pero el deterioro de la plaza, único espacio de poder físico de estos revolucionarios, parece augurar la tormenta que se desataría si llegaran, como en aquella isla caribeña, a ostentar un poder mayor. A esto se suma la indiferencia con que los revolucionarios indignados, o viceversa, parecen asumir dicho deterioro.
  Los revolucionarios son una especie única, tan llenos de pasión, con un sentido de la historia tan romántico, y no es que no les falten razones para estar indignados, esa es otra historia, cuando hablan, casi siempre declaman, parece que lo hacen en nombre de Dios, lo que en lengua revolucionaria se traduce como “en nombre del pueblo”, pobre del revolucionario que no hable en nombre del pueblo asi sea para tirarse un pedo. El revolucionario adora las asambleas, el panfleto y las teorías conspirativas, siempre hay una gran potencia, países o instituciones a los que combatir y mostrarles la furia del pueblo. Curiosamente fenómenos como esta Spanish Revolution sólo son posibles en países donde existe un mínimo de garantías democráticas, da igual que estas garantías sean reales o aparentes, el resultado es más o menos parecido, las instituciones de gobierno toleran las manifestaciones ya sea porque las entienden como un derecho, o porque le interesa aparentar tolerancia para mostrar una cara democrática al mundo.  Una parte significativa de ser revolucionario es vestirse como uno, cuanto más extravagante y singular mejor, no falta una camiseta del Che, una gorra verde olivo, unos pelos largos y un aspecto de no haberse bañado en siglos, con el correspondiente olor, también hay gente con un aspecto más ordinario, estudiantes en su mayoría, por lo general gente honesta con inquietudes políticas, cuya suerte y destino, en caso de que los revolucionarios llegaran al poder, es el de tontos útiles, la oposición y el exilio,  en ese orden, aunque hay quien no pasa por los tres estadios, el mayor defecto de un revolucionario es su honestidad a través de ella queda sellado su destino.
El revolucionario es un amante del arte, ha inventado hasta estilos, quién no recuerda el “realismo socialista” o “la nueva trova”,  en plaza Cataluña había un trovador con aspecto andino que guitarrazo tras guitarrazo le recordaba al público que “el pueblo unido jamás  será vencido”, poesía en estado puro, alrededor un público extasiado lo escucha convencido de asistir a un momento histórico extraordinario, quien les iba a decir que este año se iban a ahorrar el pasaje a Cuba, ya no hace falta ir tan lejos para hacer turismo revolucionario, la revolución ahora transcurre en el patio de casa.
Han ido pasando los días desde que comenzó esta revolución, ha habido cargas policiales, aún no hay mártires pero podrían aparecer en cualquier momento, las revoluciones necesitan de ese combustible. Sobreabundan las propuestas para repartir la riqueza (ajena) y brillan por su ausencia las que pretenden que se genere riqueza, no faltan las que abogan por liquidar las instituciones democráticas, que es cierto distan mucho de ser ideales, pero en su lugar solo proponen el caos y la anarquía, reservando, de paso, el derecho a administrar ese caos, seguramente, a un revolucionario iluminado y de honestidad (ya se sabe que es la mayor debilidad de la especie) a toda prueba.
Resumiendo, más de cuatro millones de parados es razón más que suficiente para estar cabreados, es una buena noticia que muchos ciudadanos expresen su malestar y le manden el mensaje a los políticos de que deben hacer algo, y por último: en general la fauna que ha decidido instalarse en plaza Cataluña me recuerda demasiado, por sus maneras y el contenido de su discurso, a aquellos lobos disfrazados de corderitos que se hicieron con el poder en Cuba hace más de cincuenta años y que han llevado a la ruina no sólo al país sino también a sus ciudadanos, con el consiguiente coste en dolor y sufrimiento.

lunes, 23 de mayo de 2011

Canción.



Fue hace mucho tiempo, un tiempo que sólo vive en mi memoria. La luz, como extraño la luz. La olla de presión sonando en la cocina, entre el ir y venir de mis viejos; mis viejos inmortales. Una ráfaga de aire fresco desde la puerta, a mi derecha, que se siente como en ningun otro lugar, los zunzunes revoloteando en el jardín, y el recuerdo de aquellos años preciosos que se esfuma entre sus alas.

sábado, 14 de mayo de 2011

Hechiceros, hechizados, fugitivos.

La masa no adora jamás al Dios verdadero. (…)
El verdadero Dios esta lejos (…)
Para alcanzarlo habría que recorrer un largo espacio de sombra. No era, pues, asombroso que la gente no quisiera penetrar en aquella soledad, y se creara otros dioses de menos importancia o más cómodos, frente a cuya soledad poder encender la propia trémula llamita. (…)
                                                 Peral S. Buck. (Otros Dioses)

 Todos se han dado cita para el hechizo, hechicero y hechizado, es día de renovación de votos. Los colores se difuminan unos dentro de otros, el ondular constante de las banderitas ejerce un efecto hipnótico sobre el espectador, es una especie de rito colectivo, por banda sonora un himno, redoble de tambores, y la voz engolada de un comentarista oficial que no sólo te explica la escena sino también su significado, todo con tintes patrióticos, y ahí pasan los aviones, tecnología de hace 30 años pero suficiente para bombardear un campo de caña, la multitud aplaude frenéticamente. Guayaberas en la tribuna, todos risueños, el desfile será breve, no hay que olvidar la próstata de nuestros lideres, ¡uff, no puedo más! parece decir el general, pero el hombre resiste, y la masa de banderitas, bloque compacto y monolítico, se mueve frente a la tribuna, no se puede distinguir que dicen, es un ruido ensordecedor, sonido monocorde,  y la voz engolada se eleva sobre la masa, todo es felicidad, satisfacción, confianza sin límites,  fe ciega en el futuro, mientras, en medio de las ruinas, un grupo de hombres junta pedazos de madera para construir una balsa. La ciudad, semiderruida, asiste, perpleja, al hechizo.

La mañana ha llegado acompañada de copos de nieve, envuelto en un sobretodo que le llega a los tobillos el individuo se dirige hacía la boca del metro, su andar es ligero, a su paso va dejando un surco en la nieve que es más barro que otra cosa, aún no sale el sol, hay una penumbra, especie de velo que se va rasgando a su paso, tiene la nariz helada. El metro, finalmente calor, no hay un alma, solo esta la puta que, cada mañana, lo espera para entrar tras él, no le importa, lo ve como una obra de caridad,  una especie de pacto silencioso entre ellos. Nadie se percata de que es un ilegal, el pelo rubio y los ojos azules son una especie de disfraz por estos lares, no obstante intenta no hablar con extraños no fuera a ser que su acento lo delate. Hace un par de meses que trabaja en negro, no es suficiente, podrían prescindir de él en cualquier momento, de manera que no puede abandonar el piso compartido en que vive, lo peor no es que sea compartido sino que no es habitable, el piso tiembla cuando camina por el, hay goteras en varios lugares, en el comedor una de las vigas del techo esta partida y parece que de un momento a otro se desplomará sobre su cabeza, y el baño que esta en el exterior; casi se hiela uno cuando esta allí, la calefacción es una quimera, este frío de mierda, piensa. El tren atraviesa túneles oscuros e interminables, cierra los ojos e intenta evocar una palmera, el sonido del mar, no puede, una sucesión de consignas irrumpe desde lo más profundo de su subconsciente y las imágenes se diluyen. Abre los ojos, el tren acelera y sale al exterior, los primeros rayos de sol  golpean su retina y casi lo enceguecen, se acomoda en su asiento, finalmente se hace la luz.

martes, 3 de mayo de 2011

Grados.


 Toda flor se marchita y toda juventud

  cede a la edad; florecen los peldaños de la vida,

florece todo saber también, toda verdad

 a su tiempo, y no puede perdurar eterna.

 Debe el corazón a cada llamamiento

   estar pronto al adiós y a comenzar de nuevo,

para darse con todo su valor más firme

alegremente a toda forma nueva.

Y en cada comienzo está un hechizo

que nos protege y nos ayuda a vivir.



Debemos ir alegres por la tierra

sin aferramos nunca como a una patria;

el espíritu no quiere encadenarse.

Grado a grado, nos eleva y ensancha.

Apenas se acomoda nuestra vida

y nos confiamos, todo se disuelve;

sólo quien está pronto para irse

puede escapar del hábito que mata.

Nos enviará de nuevo a espacios nuevos,

el llamar de la vida nunca tendrá fin...

Tal vez la hora de la muerte aún.

¡Arriba, corazón, di, pues, tu adiós y sana!


                                        Hermann Hesse.


martes, 26 de abril de 2011

sábado, 23 de abril de 2011

Eva y Carlos.

Llevaba un buen rato intentando conseguir una erección, la risa de Eva se le clavó como un puñal en el pecho, se le aceleró el pulso y con todas sus fuerzas le dio un bofetón en la mejilla, se hizo silencio, ella esbozó una sonrisa, tenía el labio roto, su mirada se dirigió hacia el miembro de Carlos, ahora firme y erecto, él tomó una bolsa de plástico y se abalanzó sobre ella, forcejearon un rato, ella le arañó la espalda, él le cubrió la cabeza, con la bolsa; controlando la cantidad de aire que recibía , llevándola al borde de la asfixia, mientras, la penetraba, se movía dentro de ella. Eva apenas podía respirar pero le alcanzó el aliento para gritar: “más duro, maricón”. Todo terminó con un orgasmo, muy largo. Los niños dormían en la otra habitación, amanecía.
  Frente a la casa, agazapados entre los arbustos, acechaban las victimas de todas las estafas que habían cometido en los últimos quince años.

viernes, 22 de abril de 2011

La leyenda del tiempo.

El sueño va sobre el tiempo
Flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
En el corazón del sueño

El tiempo va sobre el sueño
Hundido hasta los cabellos
Ayer y mañana comen
Oscuras flores de duelo

El sueño va sobre el tiempo
Flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
En el corazón del sueño

Sobre la misma columna
Abrazados sueño y tiempo
Cruza el gemido del niño
La lengua rota del viejo

El sueño va sobre el tiempo
Flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
En el corazón del sueño

Y si el sueño finge muros
En la llanura del tiempo
El tiempo le hace creer
Que nace en aquel momento

El sueño va sobre el tiempo
Flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
En el corazón del sueño

El sueño va sobre el tiempo
Flotando como un velero
Nadie puede abrir semillas
En el corazón del sueño
 
 Música: Camarón de la Isla. 

domingo, 20 de marzo de 2011

Osibisa "Woyaya"

 
We are going
Heaven knows where we are going
We will know we're there
We will get there
Heaven knows how we will get there
We know we will
It will be hard we know
And the road will be muddy and rough
But we'll get there
Heaven knows how we will get there
We know we will
We are going
Heaven knows where we are going
We will know we're there

miércoles, 9 de marzo de 2011

Deporte de alto riesgo.

Va ascendiendo la montaña, con desgano, más por costumbre que por convicción, en el horizonte, a sus espaldas, el mar se funde con el cielo gris, resopla sin cesar, el aliento se le hiela en el pecho, se agota, la cara de un rojo casi violáceo oculta las pecas en sus carrillos. No es la primera vez que lo intenta, siempre regresa derrotada, se dice a si misma que por la altura, pero sabe que no es tan simple. Le fallan las piernas en los últimos metros y un peso enorme tira de ella, la aplasta contra la dura roca, es entonces que el frío paraliza sus sentidos. No hay testigos, sólo ella y la montaña, allí, cerca de la cumbre, se  abandona a las dudas, y se dice, sin cesar, que no lo logrará. Un torrente de lágrimas cae por sus mejillas mientras su cuerpo se estremece, la sensación de vacío interior que la invade en ese momento es indescriptible, como si la vida se le apagara dentro, y  tiene miedo, tanto que suele golpear con los puños la roca hasta ver brotar la sangre, solo así recupera la conciencia de estar viva.
Una vez de regreso, en casa, se mete en la bañera, y se lava con sumo cuidado, al salir, se detiene, y contempla su rostro, frente al espejo, unas bolsas, casi imperceptibles, empiezan a insinuarse bajo sus ojos. A pocos metros esta su habitación, enorme y perfecta; esta noche, como casi todas, nadie la espera.

sábado, 5 de marzo de 2011

jueves, 17 de febrero de 2011

Apuntes para una negociación.

Para entablar una negociación se necesitan al menos dos partes “interesadas”, “dispuestas” a acercar sus puntos de vista, “abandonar los mitos” que han elaborado sobre su interlocutor, mostrar “arrepentimiento” y estar listos para “perdonar y ser perdonado”, es este el primer paso para sentar una base sobre la que poder “conciliar intereses” e iniciar una andadura en común, estableciendo “metas y límites”, claros y precisos, en esa “hoja de ruta” a través de la cual  podrían  construir el clima de “confianza y respeto” imprescindible para llevar adelante un proyecto común a pesar de la diferencia.
 Es un camino lleno de obstáculos, especialmente cuando se trata de partes que han estado previamente en conflicto y particularmente complicado si alguna de las partes, o las dos, han usado la mentira, la manipulación de la verdad, o han intentado reducir al contrario a unas pocas aristas que encarnan la maldad, se suele dar el caso en que, de tanto repetir estos conceptos, estos llegan a adquirir la fuerza de la verdad dentro del cuerpo de una de las partes en conflicto y suele ser utilizado como mecanismo reforzador de lazos entre los miembros del grupo, adquiriendo vida propia, o para legitimar las acciones del grupo. Vencer estos obstáculos puede ser una tarea muy ingrata, implica entrar en la dinámica del grupo y promover el intercambio libre de información para terminar con el mito que convierte al contrario en enemigo y mostrar de este toda la diversidad de aristas que componen su personalidad e historia, es ponerle un rostro al contrario, es contrastar su versión de los hechos con la propia e intentar llegar a la verdad, una verdad que podría no gustarnos. Para alcanzar todo esto se necesita de la buena voluntad de los implicados, no importa cuales sean sus motivaciones pero tiene que haber una disposición para el cambio y la confrontación de ideas, hay que sentir respeto por el otro. Una de las situaciones que se da con frecuencia es aquella en que una de las partes dice estar dispuesta para la negociación, o, peor aun, pretende alcanzar un estado de paz y concordia sin haber entablado negociación alguna, este es un gesto para los espectadores que asisten al conflicto y no conocen de su dinámica, y a la vez una forma de agredir al contrario haciéndolo responsable de perpetuar el conflicto, cuando la verdad es que al no tener conciencia de pecado no se sienten dispuestos al arrepentimiento, ni siquiera tienen la humildad de considerar esta posibilidad, no se han desprendido del mito que han construido acerca del contrario y de ellos mismos.
 Otro de los actores que con frecuencia encontramos en una negociación es la figura del negociador, este debe ser una persona respetada por todos y conocedora del conflicto pero con la capacidad de no erigirse en juez de ninguna de las partes, no debe tomar partido, su labor es escuchar e intentar razonar buscando los puntos comunes y aquellos en los que cada uno debe, y puede, ceder. El negociador necesita ajustarse a las demandas de los implicados, velando de no proyectar  su propia visión del conflicto o posibles soluciones, puede sugerir y consultar, pero nunca usurpar la voluntad de alguna de las partes, debe ofrecer salidas que no lastimen la dignidad de los protagonistas del conflicto. Un buen negociador debe tener la capacidad de permitirle a su interlocutor hablar del conflicto ayudándolo a discriminar entre los hechos concretos y las emociones que le impiden tener una mirada objetiva del mismo, de su contrario y de si mismo, un negociador es como una medida de realidad.

martes, 8 de febrero de 2011

El sueño de Albear.

Francisco de Albear y Lara, coronel de ingenieros, encargado de la construcción del acueducto Isabel II, yacía en lo que sería a la postre su lecho de muerte, había pasado la noche delirando, en medio de una fiebre intensísima y un mar de sudor, no tenía remedio, y lo sabía, era paludismo. Había pasado toda la noche soñando con agua, un paisaje repleto de ojos de agua, donde, fresco y cristalino, brotaba el preciado líquido, espontáneamente, alegre y vivaz, se derramaba en todas direcciones, anegando un campo lleno de flores, aquí y allá se formaban arroyuelos que en algunos puntos confluían en ríos cuyo cauce se iba agrandando hacía el horizonte, lo sorprendente era el número de ellos, los cursos tan diversos que tomaban y la maraña de conexiones que se formaban, todo obedecía a una lógica que no lograba entender, era el caos, pero a juzgar por la intensidad de la vida y la belleza del paisaje, parecía funcionar, su cerebro, acostumbrado a las matemáticas, intentaba poner un orden en aquella explosión de vida, recordó que ya una vez había encontrado la solución para domesticar el agua, una red de canales que, aprovechando la fuerza de gravedad, le permitiría llevarla a donde quisiera, sin mucho esfuerzo, justo terminaba de evocar ese recuerdo cuando el paisaje perdió toda la luz , se hizo de noche, de un negro intenso, impenetrable, como solo puede ser el negro de los sueños, dejó de brotar el agua, y unos muros enormes salieron de la nada, el paisaje se transformó en un inmenso estanque donde el agua se tornó apacible, de una quietud inquietante aunque seductora, era una escena sin brillo, de un azul sin matices, y sintió frío, el silencio era sobrecogedor. El coronel tuvo miedo, en su mente todo encajaba pero sentía que algo no marchaba bien, otra oleada de frío y aquellos temblores terribles, intentó despertar, escapar del sueño pero no lo lograba, fue entonces cuando vio la ola enorme que se formaba en medio del estanque, que, impulsada por una fuerza inexplicable y desafiando la gravedad, se elevó varios metros y avanzó, como un inmenso tsunami, hacía donde él estaba, sintió como el muro se agrietaba bajo sus pies, una luz cegadora lo inundó todo, no alcanzó a entender nada.


Francisco de Albear y Lara: Ingeniero cubano encargado de la construcción, en La Habana, del acueducto que hoy lleva su nombre, y que, en su momento, fue reconocida en la Exposición Universal de Filadelfia, en 1876, así como en la Exposición Universal de París, en 1878, donde se calificó como una de las construcciones más relevantes del siglo XIX a nivel mundial. Murió de paludismo antes de ver terminada su obra.

domingo, 23 de enero de 2011

Orientación vocacional.

Todo el mundo sabía que era una mujer bala, lo que nadie sabía era por qué. Hija única, fue educada con esmero para ser una esposa modelo, entrenada en las artes del hogar por su abuela. A los quince años fue prometida en matrimonio al compadre Seledonio, el peletero, hombre honesto y trabajador como pocos. Una semana antes del matrimonio, su padre entró en su cuarto, como solía hacer cada viernes, en la madrugada, desde hacía unos dos años, esa noche no la tocó, frente a ella y en silencio, se colgó. Al día siguiente se unió al circo, sólo pensaba en volar.

 Nota: Escrito para el concurso "Relatos en Cadena", la frase de inicio debía ser Todo el mundo sabía que era una mujer bala.

jueves, 13 de enero de 2011

Memorias de un hombre nuevo.

Me alcanzó como un rayo, solo pude sentir el fogonazo en mi mente, y bien adentro, despertaron recuerdos, imágenes que creía desterradas de mi memoria. Aquellos primeros días estaban llenos de ilusión, mis padres dibujaban un cuadro paradisíaco; es una gran escuela, es un privilegio, fuiste el primero en el escalafón. El autobús escolar llegó al pueblo para recoger a los 10 privilegiados, cinco niños de cada sexo, fuimos los primeros, de allí partió a otros pueblos cercanos para repetir el proceso, en uno de esos pueblos una mujer se acerco a mi ventana y me pregunto si alguno de mis padres era maestro, al responderle que si, dijo casi gritando “siempre es lo mismo, esto es un descaro” , yo no dije nada pero aun hoy la recuerdo, me trasmitió la sensación de que algo turbio podía haber en todo aquello, ya había escuchado en mi casa que un padre protestó porque uno de los niños seleccionados en mi pueblo venía de una familia católica practicante, todo un escándalo entonces, además de que había escuchado que a mi madre, que presidía una mesa de calificación,  le dió un infarto al darse cuenta que un maestro intentaba hacer fraude para favorecer al hijo de otra maestra en las calificaciones de fin de curso, me parece ver ahora a mi madre en cama, encerrada en casa y con un rostro de honda preocupación, después supe que temía que tomara represalias conmigo algún maestro, en venganza por su intransigencia. El autobús continuo camino y fue recolectando muchachos de pueblo en pueblo, todos éramos guajiros y fuimos a parar a una escuela en medio de un campo, resultó ser una filial de la escuela madre, y los guajiritos de “Habana Campo” no entraríamos en la principal hasta el año siguiente, la otra sorpresa que nos aguardaba era que no estaríamos solos, nosotros seriamos el séptimo grado, pero octavo y noveno eran niños provenientes de un internado, que según decían, hubo que cerrar porque los muchachos prácticamente lo demolieron. La imagen paradisíaca duro poco, ya en la primera semana me habían robado todos los calzoncillos, que eran nuevos, a la semana siguiente me robaron las sábanas, cuando me acordé que andaba con unos calzoncillos viejos, casi harapos, estrategia de mis padres ante la nueva realidad y que me marcaría para toda la vida, aun hoy me cuesta tirar ropa, no importa el deterioro que tenga, fue entonces que tuve mi primer quiebre moral, después de mucho pensarlo decidí robarme unas sábanas en el albergue de noveno, estrategia que mantuve durante los seis años que duró el internado, en una ocasión me robé por accidente mi propia toalla. Durante las primeras semanas estuvimos en la recogida de café, algunos de mis compañeros se dedicaban a bromear y jugar, mientras yo estaba obsesionado con llenar la lata de café, trabajaba como un demente, y sentía verdadera molestia por verlos perder el tiempo, tenía un sentido del deber sumamente rígido pero que sufrió un golpe demoledor cuando descubrí la masturbación, entonces aprovechaba cualquier momento para internarme en lo más tupido del campo de café  a explorar aquella sensación tan especial a mis tiernos 11 años, no era raro encontrar otros varones en la misma misión, rastrillando sus fusiles sin piedad, no eramos conscientes de ello pero estábamos entrando en la adolescencia. Junto con el amor al trabajo se fue debilitando la disciplina general, en la noche solía volar por los aires cualquier cosa, en especial las botas, porque usábamos botas, durante un tiempo quisieron obligarnos a usar zapatos de plástico, les decían kikos, no se por qué, pero fue un fracaso, hubo una epidemia de epidermofitosis, yo entre ellos, con los pies desbaratados. Volviendo a las noches, a cada rato había peleas entre los niños de noveno, algunas con armas blancas, un espectáculo que mirábamos los pequeños con los ojos desorbitados. Para mediados de curso ya ni siquiera iba al trabajo, andaba como un vagabundo por los campos de los alrededores de la escuela, jugando a Indiana Jones, aunque entonces no existía la película, eran los tiempos de Saturday Night Fever, organizábamos cacerías y cosas por el estilo, reinaba un ambiente de caos, la desidia era total, el rendimiento escolar había bajado y al principio mis padres me obligaban a cargar con todos los libros durante el pase de fin de semana, les hice caso durante un tiempo hasta que decidí poner algo más de empeño en el estudió y quitarme aquella tortura que significaba cargar con un maletín extra con libros y pasarme como 6 horas oyendo a mi madre peleando porque yo no tomaba notas de clase, mal habito este, que aun conservo y que, a Dios gracias, no impidió que obtuviera un título universitario. De vez en cuando el profesorado retomaba la iniciativa y si había ruido en un albergue, después de las 10 de la noche,  no era raro que nos hicieran salir, a recoger los papeles que había en la áreas verdes, alrededor de la escuela, eso podía suceder a la una de la madrugada, en otras ocasiones el castigo consistía en estar formados, sin movernos, una hora al aire libre, también a esas horas de la noche, pedagogía pura y dura. A veces las situaciones complicadas nos caían del cielo, de pronto no había agua en la escuela , había que bañarse en los campos, bajo los regadíos, o ir husmeando por los baños, buscando sorbos del preciado líquido en las tuberías, a lo largo de ese año no solo cambiamos nosotros sino que también la escuela fue cambiando, cada vez había menos persianas y en algunos sitios no quedaba ninguna, parecían gigantescos balcones, en especial para las niñas era un asunto complicado, siempre circulaban historias de hombres que entraban en sus albergues, a altas horas de la noche, a mirarlas o tocarlas, de vez en cuando pasaba de verdad, sobre todo entre las niñas de octavo y noveno, la mayor parte de las veces era un alumno, amante apasionado, otras era una niña la que corría a la cama de un profesor, que también los había amantes apasionados, y nadie se escandalizaba, estaba el país tan metido en la construcción de la nueva sociedad, y en moldear al hombre nuevo que esas nimiedades no causaban preocupación. Finalmente terminó el curso, con algunas bajas, aunque pocas, lo que vivimos ese año fue la primera parte de un proceso en el que se forjarían, entre nosotros, lazos para toda la vida, como soldados que regresan de una guerra, nos sentimos parte de una misma cofradía, esas vacaciones me negué a salir de casa en los 2 meses, nunca antes, ni después, valoré tanto el hogar como entonces, seguí adelante con la ilusión, otra vez la ilusión, de que el curso siguiente sería mejor, estaríamos en una escuela donde todos habíamos pasado por el mismo proceso de selección, finalmente, cuando llegó el día y puse los pies en la famosa escuela, me bastó echar una mirada a mi alrededor y contemplar las paredes, llenas de graffiti, para entender lo que nos esperaba; algunos de los mejores años de mi vida, desde la certeza de quien no tuvo otra.

miércoles, 5 de enero de 2011

Vivir de ilusiones y .....

Era un fanático de las ilusiones, por más que todos sus amigos intentaran convencerlo, nada pudieron hacer, estaba convencido de que los Reyes Magos existían, eso de que eran sus padres quienes compraban los regalos no le entraba en la cabeza. Es verdad que alguna vez tuvo sus sospechas, pero no dejó que esa idea se apoderara de su mente, le parecía una traición, por otro lado estaba el asunto práctico de que si dejaba de creer en los Reyes Magos cabía la posibilidad de que dejaran de aparecer a los pies de su cama aquellos regalos que lo habían acompañado cada 6 de enero, al amanecer, y era tan hermoso vivir con la ilusión de que aquello que les había pedido apareciera, como por arte de magia, en su habitación, ciertamente era una renuncia grande. Con los años sus pedidos se habían vuelto complejos, ya no eran indios y vaqueros, ni hablar de una pelota, la bicicleta ya había quedado en la historia, los video juegos nunca le interesaron, pero los Reyes ,esplendidos que son, le habían traído una play, hace unos años. La moto costó, casi un quinquenio, que se diera , pero finalmente, un día, la tuvo, una Honda preciosa, tardó un año en obtener la licencia de conducción pero al final los Reyes también cedieron y al año siguiente se la trajeron. El coche no le costo tanto, llegó a la primera. Este año se sentía un poco triste, los viejos habían muerto en un accidente de tránsito, su coche cayó al mar y nunca recuperaron los cadáveres, justo pensaba en esta tragedia cuando redactaba su carta para los Reyes:
  Queridos Reyes Magos, este año me he portado bien, sólo quiero pedirles dos cosas, la primera es que me traigan de vuelta a mis padres, la segunda es que me traigan la rubia que vive en la casa del frente, la de la fachada verde, no se equivoquen que son dos rubias en esa casa, yo quiero la menor, la que tiene 23, y unas caderas, preciosas, se darán cuenta en cuanto la vean, es la más buena de la cuadra, y otra cosa; no me la dejen en el suelo, por favor, acuéstenla conmigo, como hicieron con el oso de peluche de los 2 años. Espero no me fallen, y me cumplan, como lo han hecho en los últimos 45 años.
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