sábado, 24 de julio de 2010

Kseniya Simonova - Sand Animation

viernes, 16 de julio de 2010

Con licencia para el caos.


La ciudad esta enloquecida. A mi alrededor, mis vecinos, de los altos, han lanzado, a mi patio, más basura de la habitual; colillas de cigarro, palillos de dientes, papeles, goma de mascar, pero sobre todo han lanzado gritos y más gritos, en una lengua desconocida, imposible de entender, y en medio de todo el llanto interminable de un niño. Frente a la puerta de casa un hombre vocifera ¡FACISTAS, FACISTAS! su silueta se ve deforme a través del cristal de mi puerta, se desdibujan sus contornos, su voz rajada hiere los sentidos, vuelve una y otra vez con lo mismo ¡FACISTAS, FACISTAS! no se calla, desde un balcón le han lanzado un cubo de agua. Estállan varios petardos en la calle y el sonido del claxon, de todo tipo de autos, se mezcla, formando, junto a los petardos, un estruendo que, como un tsunami, arrasa con mis nervios, los gatos de casa están en pánico, corren de un lado a otro sin cesar, la gata se ha metido dentro de la nevera. Decido salir a la calle, un hombre viejo se aleja de mi puerta chorreando agua por todas partes, mirando sin cesar a los balcones y amenazando, con su puño cerrado, a lo que parece un enemigo desconocido, entre dientes repite ¡fascistas, fascistas! Me vuelvo hacia la otra esquina, y allí, un grupo de jóvenes, esta reunido, en torno a una hoguera, donde se consume una bandera autonómica. Hay un ir y venir de personas que me ignoran, pasan a toda velocidad, sin rumbo fijo, como balas perdidas en medio de un combate, por doquier se elevan columnas de humo, Babel se ha volcado a las calles, tambores, pitos, y muchas banderas. Es el caos, España acaba de ganar el mundial de fútbol.

viernes, 2 de julio de 2010

La lenta noche en tus ojos.

martes, 29 de junio de 2010

El tiempo y la espera.


Tener noticias de ti, se ha vuelto una quimera, cada semana parte el correo a tu encuentro, como si se tratara de un acto de fe, parte llevándose una parte de mi historia, una parte mínima, la que permite la censura, no la oficial, sino la otra, la que habla en tu nombre, un viaje transoceánico, que no sé, a ciencia cierta, donde termina. Amanece aquí y anochece allá, pasan las horas, los días, los meses, y ya son años los que pasan. Un desconocido, que habita en mi cuerpo, tocará un día a tu puerta, por equipaje: soledad y una montaña de cartas sin respuesta.

viernes, 18 de junio de 2010

Una de fútbol: la maldición del 38


En marzo de 1938 las tropas alemanas entraban en Austria y se anexaban aquel país, de paso se anexaban los jugadores del equipo de fútbol austriaco, por entonces el campeón de Europa. Sindelar, el mejor jugador austriaco, se negó de forma terminante, pagó cara su decisión; denostado, sin trabajo y solitario, se suicidó el 22 de enero de 1939. El mundial de fútbol se celebraría en Francia durante el mes de junio de 1938. De la vecina España llegaba el sonido de las balas, se enfrentaban republicanos y falangistas en una guerra civil. En Asia, China y Japón también estaban en guerra. Para no desentonar con el ambiente bélico, dentro de la FIFA también se había desatado una guerra, Su fundador, Jules Rimet, hizo valer toda su influencia para que le fuera concedida la sede a Francia, en contra de la tradición que marcaba que, ese mundial, se celebraría en América, en este caso en Argentina, de manera que se desató un boicot al mundial, renunciaron a participar: Argentina, Uruguay, USA, Costa Rica, El Salvador, Surinam, Colombia y México. Brasil decidió participar debido a que aspiraba a organizar el siguiente. Gracias a estas deserciones es que llega el equipo cubano al mundial.


Mientras, el pequeño Fidel, un adolescente, muy cerca de cumplir los 12 años de edad, correteaba por los campos de Biran, en el oriente cubano. En el estadio Toulouse de Francia a las 5 de la tarde del 5 de junio de 1938, se enfrentaban los equipos de Cuba y Rumania. Batía el estadio una leve brisa, y aunque estaba el cielo despejado, la temperatura rondaba los 18 grados, unas 7 000 almas habían acudido a presenciar el partido. Los cubanos venían de La Habana, militaban en clubes que, a juzgar por sus nombres (Centro Gallego, Juventud Asturiana, Iberia Habana, etc.), estaban formados por emigrantes españoles o sus descendientes. Transcurrida la primera mitad, las cosas marchaban como cabía esperar, Rumania ganaba por un gol a cero, nadie podía imaginar lo que vino después, tras el tiempo complementario y un tiempo extra de 30 minutos el marcador era de tres a tres, empate, según las reglas de la época había que volver a jugar. Por Cuba destacó, en ese partido, el portero Carvajales, lo hizo tan bien que una emisora cubana que había viajado a Francia para narrar el partido lo contrató para que narrara el desempate, y éste, sin estar lesionado, ni nada que le impidiera jugar, decidió aceptar. Para mayor sorpresa, el segundo juego terminó con victoria cubana de dos a uno, goles de Héctor Socorro a los 51’ y de Tomas Fernández a los 53’, pero los cubanos quemaron toda la pólvora y terminaron agotados. Se movieron a Antibes donde disputarían el primer partido de cuartos, ante Suecia, y allí no pudieron ni tocar la recién estrenada pelota de aire, con válvula, un invento argentino, cayeron por un abultado marcador de ocho a cero, que no sé si será récord, pero estoy seguro de que lo fue durante mucho tiempo. De esta forma terminó la única incursión cubana en un mundial de fútbol.


No consta que, el entonces presidente de Cuba, Federico Laredo Brú haya estado al tanto de los resultados del mundial, ni tan siquiera que lo haya seguido por radio. Lo que si cabe sospechar es que el adolescente Fidel Castro estuvo al tanto de las noticias relacionadas con el evento deportivo. En especial debe haberle causado dolor la derrota del equipo cubano por un humillante ocho a cero, en franco contraste con la victoria, en la final, del equipo italiano, que actuó motivado por el telegrama que les envió Mussolini, donde les ordenaba, “Vencer o Morir”, de esa época data su obsesión por la figura de “El Duce”. Es conocido que en su juventud Fidel coleccionaba los discursos del líder fascista, su pasión por las consignas, también de corte fascista, su interés en el deporte, como herramienta propagandística de su proyecto político, sus llamadas a los entrenadores durante los juegos, para decirles la estrategia a seguir, que deportistas pueden o no participar en una competencia, en fin, lo que se le ocurra, sus juegos de pelota, estando ya en el poder, en el estadio Latino Americano, vestido de pelotero, mientras la multitud aplaude frenéticamente. Todo esto podría no ser otra cosa más que la proyección del retorcido mecanismo que encontró un niño para restablecer su auto estima lastimada ante aquella derrota ocho a cero frente a Suecia. La identificación con la figura de Mussolini no sería otra cosa más que la manera que encontró de entrar por la senda de los vencedores, ser parte de ellos y sobreponerse al sabor amargo de la derrota. Pura especulación podrías decir, pero que pasa, si tengo razón.


Nadie es capaz de imaginar las consecuencias, que para el futuro puede tener la imagen que, en la cabeza de un niño, se forme tan sólo al escuchar un partido de fútbol y lo que puede despertar en él. De manera que les recomiendo, a todos los padres: alejen a sus hijos de las trasmisiones del mundial. Nunca se sabe lo que un partido de fútbol nos podría traer y si no me cree, pregúntele a los cubanos.

lunes, 7 de junio de 2010

Los dos nacimientos de Kim Jong IL.

viernes, 28 de mayo de 2010

Eternity´s Breath.

El piso de granito, frío, es el lugar más fresco de la casa, es mediodia, hay mucha luz, en el viejo tocadiscos suena Mahavishnu Orchestra("Visions Of The Emerald Beyond"), un viejo LP heredado de mi hermano. Mi pequeño hijo, de unos dos años, retoza a mi alrededor, por un momento se detiene y se queda como abstraido, de fondo "Eternity´s Breath", lo miro y contemplo su rostro, todo inocencia. -En qué piensas, mi niño- le pregunto. Me mira y, muy serio, me dice -Yo pienso mucho, papá, yo pienso mucho- y ese instante, se hizo eterno en mi memoria.

viernes, 21 de mayo de 2010

El campeón.

El tren se acerca a la estación, como cada día está cerca de la última puerta del último vagón. Estuvo lento poniendose el abrigo y eso le hizo perder unos segundos, al avanzar, por el pasillo, se percató de que ya había unas 11 personas bloqueando la salida. Aminora la marcha, se detiene, se abren las puertas y se inicia la estampida. Se acerca una multitud de frente, el andén es estrecho, intenta adelantar a los primeros por la derecha, no puede, una anciana le bloquea el paso, se mueve a la izquierda, se apresura y logra vencer el obstáculo, adelanta a otras dos señoras que van animadamente conversando, sigue avanzando, cuenta las personas que tiene delante, y que ya se aproximan al túnel de salida, una recta de unos 150 metros, son 7, va en octavo lugar, se dice que estar entre los 10 primeros es un buen resultado, pero no es suficiente, apresura el paso, el túnel, en el tramo inicial, es cuesta arriba, un grupo de tres turistas es el objetivo más cercano, van cargados de maletas, es fácil, ya los adelanta, es el quinto, termina la cuesta. Se inicia un descenso, que sabe es crucial, delante ahora tiene una rubia con unas nalgas bien dibujadas y, en ellas, mucho ritmo, se distrae, la adelanta también, tiene una cara bonita, ya es cuarto, un esfuerzo más y entrará en medallas, ya le da alcance al tercero, los dos primeros ya se acecan a la salida, el que va segundo inicia una carrerita, ¡descalificado!, no se puede correr, ya sólo tiene una por delante, una muchachita que parece que vuela, ya está en la salida del túnel, no la logra sobrepasar, no importa, esta es sólo una meta volante, la definitiva está en la escalera que conduce a la calle, ya se acerca, le bloquea el paso un grupo de personas que viene bajando , está a sólo dos o tres escalones del final, la muchacha supera de un salto los dos últimos; nueva regla, eso es ilegal, está descalificada. ¡Victoria!, ¡Victoria!
Ya en la superficie, el sol golpea su rostro de vencedor, e imagina que una multitud le aplaude sin cesar. Se arregla la corbata y se dirige rumbo a casa, en medio de una ciudad que, indiferente, lo ve pasar. Lo que sigue ya lo sabe de memoria, mamá lo estará esperando con la comida servida, luego las noticias, intenta que su madre lo deje a solas, un buen baño, se encierra en su cuarto, internet, entra a dos o tres foros donde, bajo el seudónimo de "El Campeón", habla pestes de los Estados Unidos, defiende el socialismo del siglo XXI, el Chavismo, a Evo Morales, y su favorito; Fidel y la revolución cubana. Abruma a los foristas con las estadisticas más variadas, el récord de producción de leche de Ubre Blanca, la tasa de mortalidad infantil en el último año, cuantos niños mueren de disenteria en el mundo, etc. Tiene varias carpetas de información que corta y pega sin cesar, se pasa frente al ordenador tres y cuatro horas, termina siempre en una página porno, se masturba a sólas y fantasea con ir a Cuba de vacaciones, acostarse con dos mulatas y pedirle matrimonio a una tercera, frente a los restos del Che, en Santa Clara. Cerca de la media noche, exhausto, cae en la cama. Como cada noche el Che se le aparece en sueños. En la mañana suele sentirse confundido al recordar, que tuvo una erección, cuando el Che le dijo al oido, "Hasta la victoria siempre, campeón".

domingo, 9 de mayo de 2010

Segundo domingo de mayo.

Acababa de terminar un pote de medio litro de helado, escudriñaba el fondo del vaso buscando no dejar ni una gota, se saboreaba, y en su interior comenzaba a abrirse paso un sentimiento de culpabilidad. Es entonces cuando se percata de cuanto le aprieta el pantalón, los botones de la camisa parecen que van a reventar, se mira en el espejo y apenas se reconoce. Es el segundo domingo de mayo, día de las madres. La culpa a ella de su comer obsesivo: “hay que comérselo todo, no puedes dejar nada en el plato”. Una y otra vez se dice a si mismo que no puede parar de comer. El recuerdo de su madre cruza su mente, “este niño si tiene buena boca, se lo come todo”, en la mesa los elogios estaban siempre garantizados, comer, y comer, y comer.

Es el día de las madres y mamá no está, quedó allá, en la isla innombrable, una lasca de queso, un poco de mermelada de fresa. Mamá no está, se quedó sola, convive con otros, buenos, pero extraños, qué habrá comido hoy. Mamá no está, y él sigue engordando, lejos de ella, soñando caricias y besos que nunca fueron, lastimándose para perdonarse. Mamá no está, y la extraña.

domingo, 2 de mayo de 2010

Crónicas de Sherwood I

Tras la muerte del rey Ricardo, Robin decidió que debían regresar al bosque de Sherwood. Juan sin tierra, el nuevo rey, no dudó en lanzar sus huestes contra todos los que lo habían combatido en el pasado y se habían confabulado para devolver el poder a su hermano Ricardo. Robin estaba en el centro de su venganza. Se acercaban tiempos difíciles.


El refugio, además de oscuro, no era muy amplio. El arroyuelo de aguas subterráneas proporcionaba agua fresca, pero el ambiente permanecía cargado de humedad. En medio de la oscuridad se sentían las alimañas del bosque correr furtivamente por los rincones. La cueva estaba hacia la parte norte de Sherwood, el pequeño Juan la había encontrado por casualidad, hacía varios años, cuando, bajo las ordenes de Robin, combatía al príncipe Juan. En aquel entonces le comunicó su hallazgo a Robin y resultó que el lugar era totalmente desconocido y prácticamente inaccesible. Robin le ordenó guardar el secreto para dejar ese escondite para una situación de emergencia extrema, finalmente esta se había presentado.
Marian yacía sobre un montón de paja, a la luz de un candil su sombra se proyectaba sobre las rocas, tenía el rostro perlado de sudor, los ojos hundidos y desencajados, la boca cerrada con los labios pálidos y apretados, los espasmos de dolor se sucedían cada vez más frecuentemente, parecía que su vientre iba a estallar. Hacía más de cuatro horas que el pequeño Juan había partido, en medio de la noche, en busca del padre Tuck, en dos horas más ya debían estar de vuelta.
Robin tenía la vista clavada en la pared de niebla que se extendía más allá de la boca de la cueva, un sinuoso agujero, cubierto de vegetación, apenas perceptible para los que pasaran cerca, estaba en cuclillas cerca de la entrada. Aunque nadie iba nunca por esa parte del bosque, había que estar alerta pues estaba infestado de soldados que lo buscaban por todas partes, además del peligro de una delación por parte de cualquiera de sus antiguos siervos que conocían el bosque como la palma de su mano. Cada vez más altos, y a intervalos más cortos, llegaban a sus oídos los quejidos de Marian, giraba la cabeza en dirección a ella y susurraba para sí -cállate de una vez, para ya- después se volvía hacia la pared de niebla y su mente se perdía en un mar de recuerdos.
Aquellos días gloriosos se habían ido, recordaba cuando él era la pesadilla de los ricos y el ídolo de los pobres, los juglares cantaban sus hazañas por todo el reino y cada día aparecía gente en Sherwood dispuesta a sumarse a la banda. Donde estaban todos esos ingratos ahora, pensó, y el ceño se le contrajo. Durante la huida del castillo, hacía un par de meses, no sabía a quien temerle más, si a las tropas del rey Juan, que estaban a un día de camino, o a sus propios siervos y soldados, que desaparecían cada noche y se unían al enemigo. Sólo el pequeño Juan se mantuvo, como un perro fiel, a su lado, también a él lo odiaban, había sido su instrumento más eficaz cuando se hizo necesario poner orden. Que esperaban esos tontos, mantenían en asedio al castillo esperando que cada día se hiciera el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, todos querían una tajada de los ricos, olvidaban que Dios los había destinado a la servidumbre, les había dado un señor justo, que más esperaban. No entendían que Sherwood era un santuario, reservado para quienes habían conquistado con el filo de su espada el derecho a disfrutar de sus bondades de manera ilimitada y gratuita, pagar tributo, por el derecho a cazar, no era otra cosa más que compartir la gloria de Sherwood con los hombres que lo habían hecho grande, y quién hizo de Sherwood un lugar sagrado sino él.


¡Malditos!, la imagen de aquellos hombres que habían luchado junto a él, en Sherwood, acudía a su memoria, se les divisaba desde la muralla norte del castillo , justo tenían el rostro vuelto hacia el bosque, sus cuerpos se balanceaban colgados de un roble enorme, que estaba a pocos metros de la muralla. Especialmente difícil se hizo colgar a Much, su antaño fiel servidor y que lo acompañó en tantas aventuras pero que decidió traicionarlo y seguir asolando los alrededores, asaltando a todo el que se atrevía a cruzar Sherwood. No quería matarlo, le mandó mensajes pidiéndole la rendición, le ofreció dinero para que se marchara lejos, no pareció entender que los tiempos habían cambiado. Much se había vuelto muy popular y empezaba a sumar adeptos, se hizo correr la voz de que recibía dinero del príncipe Juan, por entonces en el exilio, pero su popularidad no disminuyó. Con la complicidad del padre Tuck se propagó el rumor de que Much estaba endemoniado, que el espíritu, en pena, de Guy de Gisbourne se había apoderado de su alma y lo había vuelto contra Robin para vengarse de ambos, una mujer dijo haber visto como, durante un asalto, el rostro de Much se transformaba , largos colmillos salían de su boca y unos cuernos enormes ensangrentados crecían en su cabeza; la gente la rodeaba y la escuchaba aterrorizada, la historia se propagó con facilidad y propició un par de delaciones que al final permitieron capturarlo. La multitud pedía clemencia, Marian le pedía que lo perdonara, una voz en su interior también pedía clemencia.



Al final se impuso la lógica del poder, había que dar un escarmiento que fuera definitivo. Entonces no lo sabía, pero aquel fue el principio del fin.



Imagenes: Robin Hood, serie de 100 "Postalitas Cubanas" publicada en Cuba en la década del sesenta. Tomadas del blog Guije.com.
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