Era un fanático de las ilusiones, por más que todos sus amigos intentaran convencerlo, nada pudieron hacer, estaba convencido de que los Reyes Magos existían, eso de que eran sus padres quienes compraban los regalos no le entraba en la cabeza. Es verdad que alguna vez tuvo sus sospechas, pero no dejó que esa idea se apoderara de su mente, le parecía una traición, por otro lado estaba el asunto práctico de que si dejaba de creer en los Reyes Magos cabía la posibilidad de que dejaran de aparecer a los pies de su cama aquellos regalos que lo habían acompañado cada 6 de enero, al amanecer, y era tan hermoso vivir con la ilusión de que aquello que les había pedido apareciera, como por arte de magia, en su habitación, ciertamente era una renuncia grande. Con los años sus pedidos se habían vuelto complejos, ya no eran indios y vaqueros, ni hablar de una pelota, la bicicleta ya había quedado en la historia, los video juegos nunca le interesaron, pero los Reyes ,esplendidos que son, le habían traído una play, hace unos años. La moto costó, casi un quinquenio, que se diera , pero finalmente, un día, la tuvo, una Honda preciosa, tardó un año en obtener la licencia de conducción pero al final los Reyes también cedieron y al año siguiente se la trajeron. El coche no le costo tanto, llegó a la primera. Este año se sentía un poco triste, los viejos habían muerto en un accidente de tránsito, su coche cayó al mar y nunca recuperaron los cadáveres, justo pensaba en esta tragedia cuando redactaba su carta para los Reyes:
Queridos Reyes Magos, este año me he portado bien, sólo quiero pedirles dos cosas, la primera es que me traigan de vuelta a mis padres, la segunda es que me traigan la rubia que vive en la casa del frente, la de la fachada verde, no se equivoquen que son dos rubias en esa casa, yo quiero la menor, la que tiene 23, y unas caderas, preciosas, se darán cuenta en cuanto la vean, es la más buena de la cuadra, y otra cosa; no me la dejen en el suelo, por favor, acuéstenla conmigo, como hicieron con el oso de peluche de los 2 años. Espero no me fallen, y me cumplan, como lo han hecho en los últimos 45 años.

