sábado, 31 de julio de 2010

Destinos: La mosca de Obama y los toros.

La Mosca.



Los Toros.

sábado, 24 de julio de 2010

Kseniya Simonova - Sand Animation

viernes, 16 de julio de 2010

Con licencia para el caos.


La ciudad esta enloquecida. A mi alrededor, mis vecinos, de los altos, han lanzado, a mi patio, más basura de la habitual; colillas de cigarro, palillos de dientes, papeles, goma de mascar, pero sobre todo han lanzado gritos y más gritos, en una lengua desconocida, imposible de entender, y en medio de todo el llanto interminable de un niño. Frente a la puerta de casa un hombre vocifera ¡FACISTAS, FACISTAS! su silueta se ve deforme a través del cristal de mi puerta, se desdibujan sus contornos, su voz rajada hiere los sentidos, vuelve una y otra vez con lo mismo ¡FACISTAS, FACISTAS! no se calla, desde un balcón le han lanzado un cubo de agua. Estállan varios petardos en la calle y el sonido del claxon, de todo tipo de autos, se mezcla, formando, junto a los petardos, un estruendo que, como un tsunami, arrasa con mis nervios, los gatos de casa están en pánico, corren de un lado a otro sin cesar, la gata se ha metido dentro de la nevera. Decido salir a la calle, un hombre viejo se aleja de mi puerta chorreando agua por todas partes, mirando sin cesar a los balcones y amenazando, con su puño cerrado, a lo que parece un enemigo desconocido, entre dientes repite ¡fascistas, fascistas! Me vuelvo hacia la otra esquina, y allí, un grupo de jóvenes, esta reunido, en torno a una hoguera, donde se consume una bandera autonómica. Hay un ir y venir de personas que me ignoran, pasan a toda velocidad, sin rumbo fijo, como balas perdidas en medio de un combate, por doquier se elevan columnas de humo, Babel se ha volcado a las calles, tambores, pitos, y muchas banderas. Es el caos, España acaba de ganar el mundial de fútbol.

viernes, 2 de julio de 2010

La lenta noche en tus ojos.

martes, 29 de junio de 2010

El tiempo y la espera.


Tener noticias de ti, se ha vuelto una quimera, cada semana parte el correo a tu encuentro, como si se tratara de un acto de fe, parte llevándose una parte de mi historia, una parte mínima, la que permite la censura, no la oficial, sino la otra, la que habla en tu nombre, un viaje transoceánico, que no sé, a ciencia cierta, donde termina. Amanece aquí y anochece allá, pasan las horas, los días, los meses, y ya son años los que pasan. Un desconocido, que habita en mi cuerpo, tocará un día a tu puerta, por equipaje: soledad y una montaña de cartas sin respuesta.

viernes, 18 de junio de 2010

Una de fútbol: la maldición del 38


En marzo de 1938 las tropas alemanas entraban en Austria y se anexaban aquel país, de paso se anexaban los jugadores del equipo de fútbol austriaco, por entonces el campeón de Europa. Sindelar, el mejor jugador austriaco, se negó de forma terminante, pagó cara su decisión; denostado, sin trabajo y solitario, se suicidó el 22 de enero de 1939. El mundial de fútbol se celebraría en Francia durante el mes de junio de 1938. De la vecina España llegaba el sonido de las balas, se enfrentaban republicanos y falangistas en una guerra civil. En Asia, China y Japón también estaban en guerra. Para no desentonar con el ambiente bélico, dentro de la FIFA también se había desatado una guerra, Su fundador, Jules Rimet, hizo valer toda su influencia para que le fuera concedida la sede a Francia, en contra de la tradición que marcaba que, ese mundial, se celebraría en América, en este caso en Argentina, de manera que se desató un boicot al mundial, renunciaron a participar: Argentina, Uruguay, USA, Costa Rica, El Salvador, Surinam, Colombia y México. Brasil decidió participar debido a que aspiraba a organizar el siguiente. Gracias a estas deserciones es que llega el equipo cubano al mundial.


Mientras, el pequeño Fidel, un adolescente, muy cerca de cumplir los 12 años de edad, correteaba por los campos de Biran, en el oriente cubano. En el estadio Toulouse de Francia a las 5 de la tarde del 5 de junio de 1938, se enfrentaban los equipos de Cuba y Rumania. Batía el estadio una leve brisa, y aunque estaba el cielo despejado, la temperatura rondaba los 18 grados, unas 7 000 almas habían acudido a presenciar el partido. Los cubanos venían de La Habana, militaban en clubes que, a juzgar por sus nombres (Centro Gallego, Juventud Asturiana, Iberia Habana, etc.), estaban formados por emigrantes españoles o sus descendientes. Transcurrida la primera mitad, las cosas marchaban como cabía esperar, Rumania ganaba por un gol a cero, nadie podía imaginar lo que vino después, tras el tiempo complementario y un tiempo extra de 30 minutos el marcador era de tres a tres, empate, según las reglas de la época había que volver a jugar. Por Cuba destacó, en ese partido, el portero Carvajales, lo hizo tan bien que una emisora cubana que había viajado a Francia para narrar el partido lo contrató para que narrara el desempate, y éste, sin estar lesionado, ni nada que le impidiera jugar, decidió aceptar. Para mayor sorpresa, el segundo juego terminó con victoria cubana de dos a uno, goles de Héctor Socorro a los 51’ y de Tomas Fernández a los 53’, pero los cubanos quemaron toda la pólvora y terminaron agotados. Se movieron a Antibes donde disputarían el primer partido de cuartos, ante Suecia, y allí no pudieron ni tocar la recién estrenada pelota de aire, con válvula, un invento argentino, cayeron por un abultado marcador de ocho a cero, que no sé si será récord, pero estoy seguro de que lo fue durante mucho tiempo. De esta forma terminó la única incursión cubana en un mundial de fútbol.


No consta que, el entonces presidente de Cuba, Federico Laredo Brú haya estado al tanto de los resultados del mundial, ni tan siquiera que lo haya seguido por radio. Lo que si cabe sospechar es que el adolescente Fidel Castro estuvo al tanto de las noticias relacionadas con el evento deportivo. En especial debe haberle causado dolor la derrota del equipo cubano por un humillante ocho a cero, en franco contraste con la victoria, en la final, del equipo italiano, que actuó motivado por el telegrama que les envió Mussolini, donde les ordenaba, “Vencer o Morir”, de esa época data su obsesión por la figura de “El Duce”. Es conocido que en su juventud Fidel coleccionaba los discursos del líder fascista, su pasión por las consignas, también de corte fascista, su interés en el deporte, como herramienta propagandística de su proyecto político, sus llamadas a los entrenadores durante los juegos, para decirles la estrategia a seguir, que deportistas pueden o no participar en una competencia, en fin, lo que se le ocurra, sus juegos de pelota, estando ya en el poder, en el estadio Latino Americano, vestido de pelotero, mientras la multitud aplaude frenéticamente. Todo esto podría no ser otra cosa más que la proyección del retorcido mecanismo que encontró un niño para restablecer su auto estima lastimada ante aquella derrota ocho a cero frente a Suecia. La identificación con la figura de Mussolini no sería otra cosa más que la manera que encontró de entrar por la senda de los vencedores, ser parte de ellos y sobreponerse al sabor amargo de la derrota. Pura especulación podrías decir, pero que pasa, si tengo razón.


Nadie es capaz de imaginar las consecuencias, que para el futuro puede tener la imagen que, en la cabeza de un niño, se forme tan sólo al escuchar un partido de fútbol y lo que puede despertar en él. De manera que les recomiendo, a todos los padres: alejen a sus hijos de las trasmisiones del mundial. Nunca se sabe lo que un partido de fútbol nos podría traer y si no me cree, pregúntele a los cubanos.

lunes, 7 de junio de 2010

Los dos nacimientos de Kim Jong IL.

viernes, 28 de mayo de 2010

Eternity´s Breath.

El piso de granito, frío, es el lugar más fresco de la casa, es mediodia, hay mucha luz, en el viejo tocadiscos suena Mahavishnu Orchestra("Visions Of The Emerald Beyond"), un viejo LP heredado de mi hermano. Mi pequeño hijo, de unos dos años, retoza a mi alrededor, por un momento se detiene y se queda como abstraido, de fondo "Eternity´s Breath", lo miro y contemplo su rostro, todo inocencia. -En qué piensas, mi niño- le pregunto. Me mira y, muy serio, me dice -Yo pienso mucho, papá, yo pienso mucho- y ese instante, se hizo eterno en mi memoria.

viernes, 21 de mayo de 2010

El campeón.

El tren se acerca a la estación, como cada día está cerca de la última puerta del último vagón. Estuvo lento poniendose el abrigo y eso le hizo perder unos segundos, al avanzar, por el pasillo, se percató de que ya había unas 11 personas bloqueando la salida. Aminora la marcha, se detiene, se abren las puertas y se inicia la estampida. Se acerca una multitud de frente, el andén es estrecho, intenta adelantar a los primeros por la derecha, no puede, una anciana le bloquea el paso, se mueve a la izquierda, se apresura y logra vencer el obstáculo, adelanta a otras dos señoras que van animadamente conversando, sigue avanzando, cuenta las personas que tiene delante, y que ya se aproximan al túnel de salida, una recta de unos 150 metros, son 7, va en octavo lugar, se dice que estar entre los 10 primeros es un buen resultado, pero no es suficiente, apresura el paso, el túnel, en el tramo inicial, es cuesta arriba, un grupo de tres turistas es el objetivo más cercano, van cargados de maletas, es fácil, ya los adelanta, es el quinto, termina la cuesta. Se inicia un descenso, que sabe es crucial, delante ahora tiene una rubia con unas nalgas bien dibujadas y, en ellas, mucho ritmo, se distrae, la adelanta también, tiene una cara bonita, ya es cuarto, un esfuerzo más y entrará en medallas, ya le da alcance al tercero, los dos primeros ya se acecan a la salida, el que va segundo inicia una carrerita, ¡descalificado!, no se puede correr, ya sólo tiene una por delante, una muchachita que parece que vuela, ya está en la salida del túnel, no la logra sobrepasar, no importa, esta es sólo una meta volante, la definitiva está en la escalera que conduce a la calle, ya se acerca, le bloquea el paso un grupo de personas que viene bajando , está a sólo dos o tres escalones del final, la muchacha supera de un salto los dos últimos; nueva regla, eso es ilegal, está descalificada. ¡Victoria!, ¡Victoria!
Ya en la superficie, el sol golpea su rostro de vencedor, e imagina que una multitud le aplaude sin cesar. Se arregla la corbata y se dirige rumbo a casa, en medio de una ciudad que, indiferente, lo ve pasar. Lo que sigue ya lo sabe de memoria, mamá lo estará esperando con la comida servida, luego las noticias, intenta que su madre lo deje a solas, un buen baño, se encierra en su cuarto, internet, entra a dos o tres foros donde, bajo el seudónimo de "El Campeón", habla pestes de los Estados Unidos, defiende el socialismo del siglo XXI, el Chavismo, a Evo Morales, y su favorito; Fidel y la revolución cubana. Abruma a los foristas con las estadisticas más variadas, el récord de producción de leche de Ubre Blanca, la tasa de mortalidad infantil en el último año, cuantos niños mueren de disenteria en el mundo, etc. Tiene varias carpetas de información que corta y pega sin cesar, se pasa frente al ordenador tres y cuatro horas, termina siempre en una página porno, se masturba a sólas y fantasea con ir a Cuba de vacaciones, acostarse con dos mulatas y pedirle matrimonio a una tercera, frente a los restos del Che, en Santa Clara. Cerca de la media noche, exhausto, cae en la cama. Como cada noche el Che se le aparece en sueños. En la mañana suele sentirse confundido al recordar, que tuvo una erección, cuando el Che le dijo al oido, "Hasta la victoria siempre, campeón".

domingo, 9 de mayo de 2010

Segundo domingo de mayo.

Acababa de terminar un pote de medio litro de helado, escudriñaba el fondo del vaso buscando no dejar ni una gota, se saboreaba, y en su interior comenzaba a abrirse paso un sentimiento de culpabilidad. Es entonces cuando se percata de cuanto le aprieta el pantalón, los botones de la camisa parecen que van a reventar, se mira en el espejo y apenas se reconoce. Es el segundo domingo de mayo, día de las madres. La culpa a ella de su comer obsesivo: “hay que comérselo todo, no puedes dejar nada en el plato”. Una y otra vez se dice a si mismo que no puede parar de comer. El recuerdo de su madre cruza su mente, “este niño si tiene buena boca, se lo come todo”, en la mesa los elogios estaban siempre garantizados, comer, y comer, y comer.

Es el día de las madres y mamá no está, quedó allá, en la isla innombrable, una lasca de queso, un poco de mermelada de fresa. Mamá no está, se quedó sola, convive con otros, buenos, pero extraños, qué habrá comido hoy. Mamá no está, y él sigue engordando, lejos de ella, soñando caricias y besos que nunca fueron, lastimándose para perdonarse. Mamá no está, y la extraña.
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