domingo, 13 de septiembre de 2009

lunes, 7 de septiembre de 2009

Ahora recuerdo...


Hace cuestión de unos días tuve noticias de un amigo que acabó de llegar de Cuba y estaría unos días por aquí. Lo contacté y quedamos una tarde para vernos. La verdad es que estaba ansioso por abrazarlo y saber algo de los míos. Nos encontramos cerca del mar, era ya tarde cuando alcance a verlo, a pocos metros de la playa. No sé por qué me cuesta estar lejos del mar, pero esa es otra historia. Después de los consabidos abrazos empezó mi amigo a hablar, y no podía detenerse, de lo mal que estaba aquello, de que no veía salida a sus problemas, de lo mucho que se acordaba de mi, cuando yo le decía que aquello era una mierda y un disparate, de que no quería emigrar, que no soportaba la idea de estar lejos de sus hijos, y yo diciéndole que para emigrar había que pensarlo muy bien. Trasmitían sus palabras, y todo su cuerpo, una sensación de agobio que me transportó, automáticamente, al hombre que yo era antes de escapar de Cuba, me veía a mi mismo un montón de libras menos atrás, tengo que decir que encontré a mi amigo extremadamente flaco y él a mi extremadamente gordo. Mi amigo no dejaba de hablar y yo me iba apagando, viajando en una máquina del tiempo, a cada minuto me sentía peor, cuando me dijo que Raúl quería, de verdad, hacer cambios, pero que Fidel no se lo permitía, fue como si me diera un tiro de gracia. Sentí tanta pena por mi amigo y por lo que él representa. Él es un buen hombre, lo único que quiere es vivir en paz, trabajar, y que su familia tenga una buena vida, no entiende mucho de política y le cuesta dudar de las intenciones del gobierno, mi amigo es un cubano talentoso en su trabajo y se parece a muchos otros cubanos; su actitud, y su visión de la realidad, me recordó cuan lejos estamos, los cubanos, de la democracia, si no podemos identificar el problema, cómo vamos a cambiar nuestra realidad. Una vez más acudió a mi mente aquella sensación de aislamiento que sentí tantas veces en Cuba al sentirme incomprendido y ver que la mayoría de los que me rodeaban, aunque descontentos con su vida, sonreían, y se llenaban de esperanza, al primer guiño que les hiciera el gobierno, olvidando décadas de desengaños. Esa noche no dormí bien, tuve pesadillas y desperté con el sonido de la voz de mi madre en mi cabeza, estuve tratando toda la noche de recordar como me decía, para llamarme, pero no estoy seguro de lo que recuerdo, tengo una sensación de tristeza que ya dura varios días. Mi amigo regresará a Cuba en breve, lo despediré con un abrazo y la sensación de que todos hemos perdido algo, los que están en la isla y los que nos marchamos.
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