domingo, 26 de diciembre de 2010

Villancico.

La calle mojada, en penumbras, los colores sin brillo, el paisaje parece un cuadro lleno de borrones. El tren marcha como cada día, la misma velocidad, las mismas paradas, las mismas gentes, aunque hoy somos menos, faltan rostros, son los últimos días del año y la gente desaparece de mi rutina. Se ha disparado la alarma de un coche, más todo sigue imperturbable, hay personas caminando en todas direcciones, unos con prisa y otros se mueven lentamente, como si llevaran un gran peso a rastras. Unas mujeres que calzan botas altas se adelantan, un niño en un cochecito, jugando a quitarse el zapato, de un color rojo intenso. Ella tiene frío, se abraza a si misma, con fuerza, mientras hace vanos intentos por colocarse los auriculares. Las manos temblorosas, dos coronas blancas entrelazadas. Ven, despiértame en la noche, abrázame, y recuérdame que no estamos solos. Árbol de Navidad. Anochece. No para de llover.

martes, 21 de diciembre de 2010

martes, 14 de diciembre de 2010

Sometimes.


A veces parece como que he viajado mucho
a veces parece que solo he estado parado sin moverme
a veces siento que tengo todas las respuestas,
a veces se que nunca las tendre.
A veces estoy seguro de que el mundo y yo estamos locos
a veces se que soy yo el unico que esta cuerdo
a veces estoy lleno con la alegria de simplemente vivir
a veces siento unicamente el dolor
y a veces puedo amarte en la forma en que deberias ser amada
y ofrecerte todo lo que deseas de mi
pero más que nada solo trato de evitar que el mundo gire demasiado rápido
y espero que a veces sea suficiente para ti.

Música: "Sometimes". Tomada del disco "Where Do We Begin"(1976)
Autor: Georg Wadenius - Cynthia Weil.
Interprete: Made in Sweden.
Traducción: Mi hermano.
Gracias, brother, por mostrarme este universo de sonidos. Un abrazo.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Almendra.


.
Iba y venia por casa, con aquel paso ligero en las mañanas,  recordaba un pájaro asustado. Decía que venía a visitar a la familia pero la verdad es que venía soñando con escuchar aquella música. Fue en una de esas visitas que la escuchó, estaba el tocadiscos sonando en el comedor de casa, bien temprano, cerca del amanecer, talmente parecía que lo había echado a andar un fantasma, pues no había nadie en la habitación, levemente iluminada por las primeras luces del alba. Lina, entró en la habitación justo en el momento en que sonaron los primeros acordes ..TA RA RAN TARAN TARAN...se quedó como petrificada, en medio de la habitación, su voz sonó como un suspiro: “Almendra”. Cerro los ojos y  su mente echó a volar en el tiempo, un chico de traje y corbata la miraba desde el extremo del salón, se alisaba el fino bigote y parecía invitarla a unirse a él, la noche era cálida pero fresca, esa extraña asociación que se da en el trópico,  Lina hacía como que no notaba su presencia, pero con el rabillo del ojo seguía sus pasos, de vez en vez el lunar que tenía en la mejilla parecía deslizarse hacía sus labios, no lo podía evitar, reía, reía y soñaba, soñaba y reía, y sin percatarse desde cuando, bailaba, bailaba y reía, la boca bajo aquel bigotito parecía querer devorarla, o al menos eso creía ella, la orquesta tocaba un danzón que parecía interminable. Te quieres fugar conmigo, y le dijo que si, estaba desesperada por irse de casa, tener hijos y ser feliz, especialmente eso, ser feliz. La habitación seguía desierta, como antes, pero los últimos acordes de la pieza la devolvieron a la realidad, un adolescente entraba en ella, Lina lo miró y, como quien esta en posesión de un gran secreto, le dijo, sabías que conozco esa música, y mientras daba unos pasos de baile decía, es “Almendra”. El chiquillo esbozó un simulacro de sonrisa y la miró con compasión, había escuchado a su madre decir que  Lina estaba muy sola, era viuda, su único hijo, que estaba mal de los nervios, la golpeaba en ocasiones, no tenía a nadie más, sólo a nosotros, una relación que nunca logró entender y cuyo origen se perdía en el tiempo. Lina terminó de girar, de la mano de su compañero imaginario, y desapareció. Cada verano volvía, por  una semana, a  nuestra casa, me buscaba y, en un susurro,  pedía, me pones “Almendra”...TA RA RAN TARAN TARAN...

Música: "Almendra"
Autor: Abelardo Valdes.
Interprete: Camerata Romeu

lunes, 6 de diciembre de 2010

A propósito de: "El último balilarin de Mao"



Empecé a verla cerca de la media noche, pensé que el sueño me vencería y no podría terminarla de un tirón, pero no fue así,  no me pude levantar del sofá hasta que no vió la luz el final de los créditos. Las dictaduras comunistas son lo mismo en todas partes, el mismo adoctrinamiendo, que ahora parece burdo, pero que cuando eres un niño, y eres parte de esa sociedad, te lo tragas sin chistar, te vas a la cama sintiendote un niño afortunado, "que suerte vivir en el primer territorio libre de América", y cuando la prensa, siempre oficial, publica una noticia referida a algún "grupo de liberación nacional", te embriga la emoción de no estar solo en la lucha contra el imperio del mal, no solo has escuchado el cuento de hadas sino que ya eres uno de los personajes de la historia. Un buen día, allá por el 78 aterrizan los parientes que viven en el imperio y resulta que les va mejor que a nosotros, y algunos, los más osados, hablan de una libertad que no se parece a tu libertad, esa, la que cada día dice la prensa, siempre oficial, no me canso de aclararlo,  que tienes la suerte de gozar, aquí , en el primer territorio libre de América, y el tiempo pasa y el futuro luminoso no llega, mira que has estado en trabajos voluntarios, pero nada, no llega, y el techo de la casa que se esta cayendo, y cuando más honesto y trabajador eres peor te va, y la universidad que es sólo para los revolucionarios, ¿ pero no era un derecho de todos? y apurate que hay una marcha en el Malecón, la culpa la tiene el imperio del mal, ah, ya entiendo, y suda que te suda, dale para el aereopuerto que tu hermano se va con la familía,  dice que que le llego el bombo, y no paras de dar carreras para el aeropuerto, el primo, el tio, tus padres, la mujer, que después te dejó por tu mejor amigo en el imperio, mierda, la mesa redonda a toda voz, no es que la odies, es que ya no te importa, ya te fuiste, pero aún no lo sabes, y un día, cualquiera, te vas. Entonces es la nostalgia por lo que quedó en el camino, por lo que nunca fue, y no te dejan ni regresar a darle un beso a tu hijo, antes de que termine de salirle barba, y ya no sea más tu niño, sino el niño que se hizo  hombre lejos de su padre. Una noche, cerca de la media noche, te sientas, sólo, con un frio de mierda, a ver una película sobre la vida de un chino, del que no tenias la más puta idea que existiera, y ves, a traves de su historia, tu vida. Si ya lo decía yo, las dictaduras comunistas son lo mismo en todas partes.

jueves, 2 de diciembre de 2010

El abismo.

Le encantaba la ropa interior de encaje, siempre se compraba una o dos tallas menos que la de ella, así aquellas nalgas enormes quedaban bien sujetas, eso decía, pero sonreía con malicia, la verdad es que le excitaba. Pasaba buen rato ante el espejo, estudiando sus curvas, desnuda, mirando como su distendida anatomía empezaba a perder firmeza, que desperdicio, se decía a si misma. Hacia más de un año que el último hombre había pasado por su cama, un revolcón que la dejo más sola y triste que antes. Cualquiera diría que estoy desesperada, se dijo a si misma, mientras abría, en el ordenador, una página de citas: “Buscamos mujer para trío con mi esposa, somos muy discretos y limpios, nada de droga, y nada de esas cosas raras; es para tener una fantasía. Espero repuesta, si te interesa.”….un trío, que va eso no va conmigo, tu estas loco, a mi me gusta la carne de gallo, no, no, no, que va. No pudo evitar acordarse de ella. El albergue a oscuras, las persianas abiertas y la luna que se colaba entre las literas, afuera soplaba el viento de cuaresma, era una de esas raras noches, fría. Se sorprendió cuando la tuvo delante, como si fuera un fantasma, se quedó plantada frente a ella, en silencio, y mirándola a los ojos le dijo: puedo dormir contigo. Todavía no sabe por qué le dijo que sí, le hizo un lugar bajo su sábana, se abrazaron, como amigas, pensó, y medía hora más tarde, mientras se besaban, ya no sabía que pensar. Fue su primer beso, tiempo después supo que, aquello que había sentido cerca del amanecer, fue también su primer orgasmo. Volvió la mirada al ordenador, y una vez más no supo que hacer, dio un fuerte tirón a sus bragas y cuando sintió que se hundían entre sus labios mayores, dejo escapar un gemido y se echo a llorar.
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