domingo, 6 de mayo de 2012

Cambio en Cuba ¿Cuál es el momento y cómo se llega a ese punto?


En terapia he aprendido a respetar los tiempos de los pacientes, un tiempo que va asociado a un proceso de maduración, este proceso se suele iniciar a partir de la aparición de síntomas, el paciente adquiere conciencia de que algo no anda bien y, muchas veces después de muchos rodeos y postergaciones que pretenden minimizar la posibilidad de tener un problema, decide aceptar esta posibilidad, aun después de llegar a este momento podrían pasar años para decidirse a indagar en las causas del problema e intentar encontrar soluciones.

Este proceso tiene un ritmo variable que se ve favorecido u obstaculizado por las circunstancias de vida del paciente, hay situaciones que hacen evidente la precariedad de sus recursos o estado de vida, que abren una especie de ventana u oportunidad para el cambio, y otras en las que aparentemente nada sucede porque sus capacidades, aquellas en las que radican sus mayores problemas, no son exigidas.  Suele pasar que en una especie de espiral dialéctica nos encontramos a la misma persona frente al mismo problema pero en uno de esos ciclos sucede que algo ha cambiado en su actitud, esta vez es él, y no el terapeuta, el que habla de  cambio, lo percibe no solo como una posibilidad sino como una necesidad impostergable, hay hambre por cambiar. ¿Qué ha pasado?

Este proceso de identificar el problema pasa ineludiblemente por el desengaño y el dolor, hay ocasiones en que se tiene una visión de la realidad aprendida de terceros y asimilada como parte de nuestra visión del mundo, aunque en este caso, si esa visión se acerca a la realidad, esta persona esta un paso adelante, pero la convicción con que asume ese conocimiento no tiene la misma fuerza que la que suele tener quien ha tenido que hacer toda una relaboración de su percepción de la realidad y en ese proceso ha tenido que vivir el dolor y el desengaño para llegar a una nueva verdad, más cercana a la realidad que la elaboración previa, este sujeto que se plantea el cambio por lo general  esta en un punto en que es más el sufrimiento derivado de su posición que el temor y la angustia que le produce lo desconocido y el cargar con la responsabilidad de tomar sus propias decisiones. Y ahora nos acercamos a una variable que a mi me parece determinante en todo proceso de cambio.

Estoy convencido de que el sufrimiento y la angustia  es el motor del cambio pero contradictoriamente nuestro cerebro funciona como una perfecta maquinaria que intenta constantemente ahorrarnos sufrimientos y angustias, de manera inconsciente tendemos  a generar automatismos, hábitos y conductas rutinarias que  nos dan una sensación de estar en control de nuestra vida, como si de un ordenador se tratara nos vamos desconectando a cada paso de aquello que nos podría causar angustia y aumentar nuestra sensación de desamparo y descontrol. Es decir, tendemos a la estabilidad en términos emocionales y conductuales, no nos gustan los sobresaltos. Es por eso que visto en términos de economía de recursos, entiéndase angustia, cuando aparecen los síntomas, para disponernos al cambio es necesario  tener una percepción de que nuestro sistema, forma de ver y relacionarnos con el mundo, estilo de vida, etc., se ha vuelto  inestable, es necesaria una sensación de inevitabilidad, una especie de premonición de una catástrofe inminente, de forma tal que no hay otro camino que hacer cambios para acceder a otro momento de equilibrio donde la angustia y el temor vuelvan a estar  a raya. Y digo que este mecanismo de economizar recursos me parece crucial porque es también determinante a la hora de buscar alternativas para resolver  la crisis.



La huida, por ejemplo, es también un recurso adaptativo y que podría facilitar un nuevo equilibrio, en términos psicológicos un trastorno disociativo, aunque patológico, ofrecería un nuevo estado de equilibrio, si extrapoláramos esto a lo social, para quien vive en una dictadura, escapar de su país es también una búsqueda de estabilidad y un recurso adaptativo. A veces la huida es mucho más sutil y pasa por adornar y edulcorar la realidad, buscar culpables de nuestra desgracia, adueñarnos de un arquetipo que nos pone salvo de la sensación de no hacer nada como esos artistas puros y apolíticos, o vivir al amparo de nuestras miserias, sean reales o imaginarias; todos estos mecanismos son eficientes y adaptativos en términos de economía de recursos pero todos comparten el hecho de que no modifican la realidad de manera activa sino que están enfocados en hacer cambios en la manera de relacionarnos con el problema, con un fin adaptativo, que no es poco, pero que dejan intacto el problema en si mismo. Para que toda esa energía se canalice en función de modificar causas tendría que haber una percepción, que puede corresponderse o no con la realidad, del individuo, de la masa si extrapolamos esto a lo social, de que es más económico hacer esto que cualquier otra cosa, ese convencimiento y percepción de lo inevitable esta también a merced de la historia de vida del individuo, sus creencias y convicciones morales. Mientras tengamos una alternativa menos costosa seguiremos optando por ella aunque no sea la mejor de las soluciones, más que un acto de cobardía se trata de supervivencia pura y dura.


Nota: post previamente publicado en El blog de los 4 gatos.

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